Surfista de crisis

Las crisis son temidas, pero ciertamente son el origen de cambios que transforman, en mayor o menor medida, la realidad para siempre. Son la expresión de la evolución a toda escala, individual, colectiva, en todas las especies y ecosistemas. 

Nuestra propia vida es en sí misma un proceso evolutivo, y por ello esculpida por las crisis. Dolor, ostracismo reflexivo, adaptación y renacimiento. Estos pasos se pueden reconocer fácilmente asociados a una crisis, con duraciones más o menos variables. Si el dolor se hace muy intenso y prolongado, invade el espacio de reflexión. Si la reflexión es inconducente, no aflora la estrategia de adaptación. Y sin adaptación, no renacemos, nos quedamos atrapados en el limbo que provoca la crisis.

Qué podemos hacer para incorporar el proceso de crisis de manera que, lejos de dejarnos en un limbo de dolor y desasosiego, nos lleve a nuevas versiones más atractivas de nosotros mismos.

Un ejemplo ilustrativo sobre qué hacer lo encontramos en la actividad física, algo que debería estar incorporado, sin duda alguna, en nuestras vidas y que para muchos no es así. Salir de la inercia de tu vida para iniciar rutinas de ejercicio es un proceso doloroso. Literalmente doloroso para nuestro cerebro, para quien el esfuerzo activa circuitos neuronales correspondientes al dolor. Y no hablo del dolor físico del ejercicio para quien empieza, sino del dolor que interpreta la mente ante el esfuerzo que implica, y por ello nos aleja y dificulta seguir con nuestro propósito. Es el dolor que sentimos cuando nos disponemos a estudiar un tema completamente nuevo, y el estudiante se evade del texto que no comprende. Le cuesta sentarse, coger el libro y empezar. Nuestra mente nos aleja del dolor, sea de origen físico o intelectual. Pero es que si no superamos ese dolor, no alcanzaremos, por ejemplo, el bienestar del ejercicio físico, o los beneficios de aprender algo nuevo que podemos aplicar abriéndonos a oportunidades futuras.

Nuestro cerebro tiene una misión suprema que es la de mantenernos vivos pasando copias de nuestros genes. Y es difícil sacarlo de allí. El mecanismo de respuesta de lucha o escape (fight or flight response) es la manera en que exitosamente hemos huido o enfrentado el peligro, y su consecuente dolor, por millones de años para estar hoy aquí vivos. Pero este mecanismo para gestionar el dolor se ha vuelto más complejo para nuestra especie. Mucho más complejo, aun sin perder su anclaje en las partes más primitivas de nuestro cerebro.

El dolor al que nos sometemos al iniciar nuestras rutinas físicas es el mismo que el que puede provocar una crisis. Al cerebro le da igual el origen, sólo intenta huir del dolor, y si no puede hacerlo, entonces se activan mecanismos para enfrentarlo y superarlo.

Quitar la mano del fuego que nos quema provocando dolor es fácil, instantáneo y no conlleva más mecanismos que el de un acto reflejo. Es un dolor concreto para el que nuestra respuesta de lucha o escape es más que suficiente para superar la crisis. 

Superar el dolor de cumplir una rutina día tras día para hacer ejercicio es algo más complejo y no tan inmediato. Necesitas una motivación para conseguirlo, y renovarla para que ya no se vuelva atrás. Es un dolor más abstracto, donde la respuesta de lucha o escape nos lleva en el sentido contrario al que necesitamos. Necesitamos quedarnos a luchar aunque sea más fácil huir.

Hacer una dieta para perder 20 kg es también un proceso de dolor, y nuevamente vemos que sin motivación no se supera. Compiten escapes de la situación tan gratificantes como comer! Nuevamente la respuesta de lucha o escape nos lleva al sitio equivocado.

Y así podemos hablar de muchísimas transformaciones complejas que no son otra cosa que procesos de crisis. Y el ingrediente para superarla cuando son complejas es siempre el mismo, la motivación. Cuanto más prolongado sea el dolor abstracto, más motivación necesitamos.

Los humanos podemos ver el futuro y actuar en el antes de que ocurra. Por ejemplo, podemos estudiar una carrera de grado durante cinco años, superando el dolor que provoca cada materia estudiada porque creemos que ese logro nos aportará lo que deseamos para nuestro futuro. Funciona mientras esa creencia nos motive. Nos sometemos al dolor para renacer de el en algo que deseamos. ¿Otra vez el proceso de crisis? Pues sí. Será que entonces las crisis no son malas sino procesos de evolución? Así es. Entonces, yo puedo provocar mis crisis para superarme cada vez más y perseguir nuevos estados de satisfacción? Correcto!

Sacarme una carrera de ingeniería de seis años fue un proceso doloroso, fragmentado en pequeñas conquistas que eran las de aprobar materias con una enorme componente de satisfacción. Recuerdo que durante algunos años después de graduarme, seguía soñando que tenía que dar un examen y al despertar era la sensación placentera de saber que era sólo un sueño, una pesadilla!

A penas dos años después estaba cursando un master, otra vez el dolor, otra vez en crisis. y luego más y más. No quiero imaginar quién sería ni dónde estaría si mi única crisis voluntaria en mi vida hubiera sido la carrera de ingeniería. 

Las crisis son como las olas en el océano: unos las surfean, sin importar el tamaño, y a otros los revuelcan desprevenidos. Aprende a surfear y las disfrutarás!

A qué nos lleva esta reflexión? Busquemos nuestra evolución, miremos la ola que viene y preparémonos para ella, en lugar de que nos sorprenda. Es infinito lo que puedes evolucionar, e infinito no significa superior hasta el infinito, sino de evolución infinita. No significa que podrás hacer lo que te propongas, no! Menuda tontería! Pero vas a poder evolucionar infinitamente hacia lo que desees, siempre que lo sigas deseando y afrontando el dolor que implica llegar a ello.

 Cómo hacerlo? No se te ocurre nada que hacer? Amplía tu mundo, dale rienda suelta a tu curiosidad, relaciónate con más gente, con gente distinta. Deja que las personas sean tus espejos, comparte ideas con ellas y escuchas las ideas que ellas quieran compartir contigo. Nadie puede ver su propio rostro sin un espejo, metáfora para decir que nadie puede saber realmente que desea si no se expresa, contrasta y escucha a otra gente. En persona o a través de un libro, un artículo, cualquier cosa que sea suficientemente variada y te acerque a otras realidades.

No esperes una idea nobel de la nada, no la esperes de ti solo contigo mismo. Tu cerebro creará nuevas conexiones si lo expones a cosas nuevas. Explora como lo hacen los niños, mira cuánto aprenden y descubren en tan poco tiempo. 

Curiosidad, motivación y afrontar el dolor que te aleja del esfuerzo. Crea tus propias crisis, y así las que vengan realmente de fuera te parecerán solo una más. Empezar el ejercicio de hacer esto enfrentando una crisis externa no elegida es una buena manera de empezar o, mejor dicho, una manera inexcusable de hacerlo.

Bienvenida la crisis, la del coronavirus o la que sea mientas que no te mate, porque presagia que podrás transformarte en un surfista de crisis y regalarte muchas nuevas y mejores versiones de ti mismo, más espacios de satisfacción y la sensación de que, lejos de aburrirte o sentirte abrumado, no te alcanza el tiempo para tantas cosas que quieres hacer y que te motivan a ello.